Humala secuestra reporteros y asegura que solo hablará con quienes le den la razón en todo

Lea lo que realmente sucedió entre Ollanta Humala y el grupo de periodistas que osó acompañarlo en su lujoso auto, ahora bautizado como el EtnoMóvil, por la calles de Lima.
El candidato presidencial de Unión Por el Perú (UPP), Ollanta Humala, conocido por su señora madre como el terror de los “señoritos comeconos”, indicó hoy que sólo hablará con aquellas personas que le den la razón en todo.
Humala se mostró cansado de la realidad. Esto debido a que precisamente “la realidad” se ha empecinado en demostrar más de una vez que él es un bruto que no sabe exponer con claridad sus ideas.
Con una llamativa vena roja que recorría su pómulo derecho hasta su omóplato izquierdo, dijo que tampoco soporta las opiniones de sus críticos, quienes han asegurado que la va a tener “bien tranca” en la segunda vuelta electoral, así compita con el pastor “Frito” Lay.
Fue así que “Mister Madre Mía” expresó sus deseos de vivir en un mundo utópico “donde todos hagan lo que a mí me de la gana”.
Para empezar su sueño, Humala indicó que iniciará un proceso de “adaptamiento a esa ilusión nacionalista”, así tenga con ello que “amenazar a todos con jugar matagente al borde del río”.
VIAJE EN “ETNOMÓVIL”
Para probar su plan, el Cachaco invitó a un grupo de periodistas de Canal N y América Televisión a subirse al EtnoMóvil (una lujosa camioneta 4x4 que ningún otro comandante podría comprarse ni en sus más arrechos sueños), con el fin de probar que él realmente usa la parte más trancada de Chacarilla como atajo.
“Con esto quiero hacer silenciar a aquellas voces que sólo gesticulan guiadas por los grupos de poder, y dicen que yo estoy ocultando algo con mi carreras locas por las calles de Surco y Chacarilla”, dijo Humala mientras mostraba sus puños a los reporteros.
Junto a los periodistas, Humala condujo a toda velocidad por la avenida Javier Prado, donde realizó una serie de maniobras dignas de un surfista borracho; tras esto, aceleró a toda velocidad hasta el Trébol de esta misma vía, donde atropelló a dos hombres, tres mujeres, un niño y un imbécil con la cabeza del muñeco “Chaparrón”.
Más adelante, “Carlos” tomó varias calles no principales, donde en su febril mente encontró a varios de sus seguidores que le decían “En Dios y Ollanta confío”, cuando en realidad le gritaban frases como: “Ollanta por Dios, ten compasión de nosotros. ¡Oh Dios mío, mi pierna! ¡Oh mi pierna! ¡Oh mi pierna! ¡Mi pierna! ¡El dolor! ¡El dolor! ¡Dios llévame contigo! ¡No soporto esto!”.
El furioso viaje continuó por Las Casuarinas, donde el comandante Humala hizo una leve parada frente a una caseta de seguridad para solicitar gentilmente a los guardias tomar esas calles como atajo. En sus palabras: “Buenas tardes, ¿podría usar este atajo para llegar a mi casa, o prefieren que use sus tripas para decorar mi museo de guachimanes muertos?”
Más tranquilo, Humala tomó una nueva ruta por diversas calles de Lima, Callao e Ica, por espacio de 24 horas, donde sembró terror a su paso. El viaje terminó en el hotel “El Pueblo”, donde el candidato presidencial gastó 320 mil dólares para “descansar del acoso de la prensa”.
Consultados por este servidor, los periodistas que siguieron a Ollanta Humala indicaron que convinieron en acompañar a “Carlitos” porque “nos cagábamos de miedo”.




