La sonrisa de Ricardo Fernández
Este texto, escrito por el dramaturgo Alonso Alegría, apareció ayer en el diario Perú 21. Lo reproduzco para ustedes a continuación.
La sonrisa de un actor
Escribe Alonso Alegría
Lo recordaremos siempre haciendo ese pequeño pero inmenso gesto. Fue hace dos semanas y comenzábamos el día de trabajo. Ricardo era el Narrador en una versión radial de Tom Sawyer que estábamos grabando. Entró en la cabina con tres colegas y, luego de poner su libreto sobre su atril, se hizo sobre el pecho la señal de la cruz. Discretamente, como algo muy natural. No sé si alguien más lo notó pero Cinthia, mi joven asistente, me comentó bajito "esas cosas. a mí me emocionan mucho". A mí también. Recordaré siempre a este hombre de teatro, a este artista, persignándose sin ningún pudor antes de comenzar su trabajo. ¿Estaría pidiendo la ayuda de Dios? No hacía falta. Ricardo le estaba dedicando a Dios su arte de ese día, que para él no era -nunca fue- poca cosa.
Actor de nivel mundial, voz privilegiada, uno de los más grandes maestros y una de las más buenas almas que jamás bendijeron nuestro honorable oficio de tablas, este hombre ejemplar tuvo siempre que ganarse la vida a duras penas: así de inculto es nuestro medio, así de insensatos son nuestros gobiernos, así de grande es nuestro arte, así de seria es nuestra misión, así de fuerte es la vocación que llevamos como una joya, a veces como una cruz. Es un escándalo, amigos, un escándalo que un maestro como Ricardo Fernández no haya podido lograr la mínima tranquilidad de saber que podía descansar tranquilo por las noches. Pero ese es el costo del arte que conoció y asumió con todo coraje y sin ninguna amargura.
Ricardo descansa y alegra a Dios ahora, de esto no tengo la menor duda. Porque descansa también en el alma de todos los jóvenes como Cinthia que lo vieron actuar, algunas veces como actor y otras como ser humano. Sabrán seguir su ejemplo. Entre esos jóvenes están, no tengo duda alguna, los futuros Ricardos Fernández.
El jueves que pasó grabamos Alicia en el país de las maravillas. Días antes, Ricardo había levantado su dedo pidiendo el papel del Gato Chester y, por supuesto, Cinthia se lo había asignado. Cuando llegamos a grabar, Ricardo ya no estaba. La noticia era fresca. No, Ricardo no iba a llegar, no, no iba a llegar esa mañana a grabar el Gato Chester, no. Mirándonos a los ojos, desorientados, como náufragos tratando de encontrar piso, decidimos grabar Alicia de todos modos. Y la grabación salió muy bien. Es que el Gato Chester sonríe, ¿recuerdan? En un momento del cuento aparece como colgado del cielo y luego desaparece poquito a poco, pero su sonrisa queda allí, colgada del cielo un largo rato. Yo creo que la grabación salió tan bien porque Ricardo Fernández estaba haciendo el Gato Chester pese a todo. Y su bella sonrisa, su sonrisa de siempre, nos estaba iluminando sin nosotros siquiera saberlo. Y seguirá iluminando eternamente a toda nuestra gente de teatro. Ánimo, colegas: Ricardo Fernández nos sonríe desde el cielo.





Comentarios
Gracias por este comentario para un actor inmenso y para una gran persona.
Publicado por: Carlos Délfor | Mayo 16, 2006 12:12 PM